RESPUESTA A UN (AUTODENOMINADO) PROGRESISTA

19 Aug

Esta es una respuesta al artículo titulado “Conservadores” que el Sr. Eduardo Dargent, al parecer profesor en la PUCP, publica en la revista VELAVERDE, refiriéndose a una agenda, según él preocupante,  y la cual califica como pacata. Aunque su posición no es algo nuevo, esta vez escribo porque  su artículo evidencia ya una falta de conocimiento –cuestionable, ya que el autor proviene de un contexto académico en el que se cuenta con muestras suficientes de lo que voy a escribir- de una posición  razonable y por principio, característica  de la corriente conservadora en muchas instancias y lugares del mundo, de la que no debería adolecer un académico, ya que educan al liderazgo de la sociedad. Hablando de las famosas universidades norteamericanas, sería bueno que solucionen los problemas de su propio país primero… “médico, cúrate a tí mismo”.

Para empezar, el término “conservador”, lamentablemente convertido en sinónimo de pacato, éste tiene origen en realidad  en las sociedades que hoy ostentan una historia de tremendo progreso y logros en toda esfera de vida,  y fue inicialmente utilizado para denotar una actitud de preservar, sostener, guardar como  perspectiva de vida,  ciertos principios y conceptos considerados razonable y/o científicamente como no negociables. Es en virtud de esa característica, que su perspectiva de vida ha llevado a contar no sólo con una “agenda”, sino con principios basados en razón y ciencia, valores, ética y programas aplicables también racionalmente y que, cuando aplicados, han demostrado estar relacionados e inclusive ser causales, como matriz cultural, de progreso, de condiciones de igualdad y oportunidades sin precedentes en una sociedad.  La Pontificia Universidad Católica alberga en sus recintos a la organización The World Values Survey, la que ha acumulado evidencia (y se muestra aquì un mapa básico)

Conservar da buenos resultados

Conservar da buenos resultados

de que esos principios conservados en el cimiento de una sociedad han dado invariablemente los mejores resultados comparativos entre decenas de países del mundo.  Bien harían personas como el Sr Dargent en tener en cuenta esa información científica[1] acerca de las civilizaciones, sus principios conservados  y sus resultados históricos.

Sería entonces de desear que toda otra agenda cuente con una posición razonable y científicamente probada en la historia, ya que de no ser así, las llamadas agendas consisten  sólo en posiciones relativas muchas veces subjetivas y sostenidas sólo por la voluntad y el interés personal. Lo que nos lleva de inmediato a un importante aspecto: Una posición cualquiera, para ser seriamente considerada por  la totalidad de una sociedad humana debe ser validada por sus resultados. No basta con decir que se tiene derecho a pensar de cierto modo. Para pretender presentar  una agenda que deba institucionalizarse, una posición tiene que justificarse como razonable y de beneficio para toda la sociedad, no sólo para la porción interesada y movida por  propósitos ajenos al bien común.  Una agenda gay por ejemplo, para ser considerada como algo más que el reclamo de una minoría –que puede ser desde cierta perspectiva absolutamente justo, si está basado en derechos reales- debe presentarse a la luz de sus resultados históricos, apreciables desde tiempos muy antiguos, y también considerando sus posibles efectos sobre la sociedad y sus instituciones en todo campo, no sólo como el ítem obligado de una agenda “políticamente correcta” supuestamente progresista.

Y en  ese sentido, es necesario aclarar un hecho que se está dando en niveles supuestamente académicos, pero  el cual obedece a una agenda dictada por el prejuicio y la voluntad de algunos, más que por seria consideración científica. Muchos pretendidos modernistas echan en un mismo saco a quienes piensan y sostienen una posición basada en cierta ética probada y comprobada, y a quienes simplemente ostentan una actitud sectárea e irracional, producto de la tradición religiosa y mística, típica y nada revisada de Latinoamérica. Harían bien personas como el Sr Dargent en entender que sí hay en nuestro medio, intelectuales con un trasfondo académico  el cual promueve la idea de absolutos y de campo unificado de conocimiento como opuesto al relativismo y a la atomización en agendas que entre otros, no facilita el consenso. Y en eso, aún la agenda “conservadora” como sus oponentes le llaman peyorativamente, necesita también estar mejor sustentada y articulada, para que, precisamente no sea vista como fanatismo religioso.

En cuanto al término “progresismo”, tenemos también que su uso se ha convertido en prerrogativa de aquellos quienes sostienen una agenda anticonservadora, cuando en realdad, históricamente el verdadero progreso ha estado estrechamente vinculado a cierta manera preservada por siglos de ver al ser humano. No se puede negar que la ciencia moderna nació en la Europa del siglo XII, especialmente en Inglaterra,  en  el seno de sociedades principistas. No hay razón alguna para desvincular al que sostiene absolutos y principios de una actitud promotora de la ciencia, el conocimiento y la modernidad que nacieron en Europa Cristianizada, la misma que hoy se debate en crisis y en una complejidad de problemas tras abandonar a la fuente de esa igualdad para ir detrás de hipótesis de igualdad e identidad no comprobadas. Es además importante discernir lo que es verdadera modernidad y avance científico de lo que es sólo la tendencia de un sector movido por intereses propios: en este sentido, el tema homosexual es muy antiguo, ha sido tratado en diferentes maneras  en etapas muy bien identificadas de la historia, y harían mal los autodenominados progresistas en incluirlo en una agenda que promueve la modernidad, es un tema viejo que decae vez tras vez por insostenible y que debe ser mirado de manera particular, sin rabietas ni prejuicios.  Imaginemos una agenda homosexual llevada a esquemas universales, ¿cuál serìa su efecto en instituciones como el Estado?  Ya Europa y su agenda falsamente liberal nos están mostando sus dificultades.

Finalizo mencionando el hecho de que la sociedad peruana es una de aquellas  en donde el resurgimiento de principios y valores provenientes de la religión es una realidad. Una vez más: No hay que echar en el mismo saco a todos. Creer no siempre es irracional, cuando se cree algo  comprobado, se es racional. Por algo crecen los movimientos de una renovada fe cristiana en el Perú, y sería tan necesario que la “academia” contemplara la necesidad de investigar el contenido de esa creencia que luego se traduce en la “agenda” que los progresistas temen, excluyendo a tantos de la autoría del progreso. Sin contar con que personas como el Sr Dargent tienen su propia agenda, la cual no necesariamente tiene que gustar a todos, debe darse cuenta de que otros  tenemos derecho a una, especialmente si ya ha dado buenos resultados.

 

Ana Roncal

 


No comments yet.

Leave a Reply