La Desfachatez Intelectual

14 Mar

Ignacio Sánchez-Cuenca, profesor de Ciencia Política y escritor español, ha publicado un libro titulado “La Desfachatez Intelectual”, cuya validez se proyecta ad infinitum realmente, aunque él haya escrito con la intención de denunciar el problema en el mundo de la política y literatos influyentes en la misma. Entrevistado en el programa de La Sexta “El Intermedio”, el catedrático explicó en términos sencillos la manera en que los políticos de turno nos linchan mental y emocionalmente cada día. Podemos de inmediato traer a mente las actitudes avasallantes con que las figuras públicas nos hablan en tono autoritativo y terminante,  presentando las posiciones más dispares, muchas veces ya fracasadas, sin que nadie objete o haga mención de la obvia caducidad, y  alimentando la división de la sociedad, más que nada por el discurso emocional, vago y superficial, casi nunca por principio. ¿Por qué pueden hacerlo? Según Sánchez-Cuenca, esa desfachatez se sostiene en una clave: la impunidad generalizada, que nace de la ausencia de una crítica autorizada, inteligente, coherente y acercándose al principio. Principio, la categoría de pensamiento que brilla por su ausencia en esta era, aunque, valgan verdades, es un mal de toda era, sólo que actualmente es lo políticamente correcto.

Sánchez-Cuenca mencionó entre sus ejemplo al Nóbel de Literatura Mario Vargas Llosa, caso que conozco mejor que otros simplemente por ser peruana. Las novelas de Mario Vargas Llosa eran literatura obligada prácticamente en toda la secundaria escolar entre los 60 y los 70, no sólo en Perú sino en varios países latinoamericanos, y lo siguen siendo. Las novelas de ese entonces responden al período “socialista”  del novelista, el que hace ya buenos años, abandonó esa posición para embanderar  una posición liberal, la que promueve también su hijo, el economista Alvaro Vargas Llosa, quien lidera un Think Tank de tendencia también liberal en los Estados Unidos con apreciable éxito.  ¿Qué Mario es el que promueve lo correcto, el de los 70 o el de este tiempo?   Porque la actitud es la misma.

Obviamente, estas situaciones se dan prácticamente en todo campo. Aún más, ciertas sentencias, tales como “ya no se leen libros”[1] promueven la desesperanza en cuanto a que los creyentes vivamos en un constante proceso de acercarnos a principios y absolutos.  Lo que me mueve a escribir esta nota es el hecho de que como cristiandad, llamados a tener “un mismo parecer”[2], porque tenemos “la mente de Cristo”[3] debemos  estar atentos a que el blindaje a la ignorancia y a la prepotencia no se den en nuestro medio, con un discurso desfachatado de opiniones personales, el que barre con la libertad y el derecho a vivir de acuerdo a la conciencia iluminada por el Evangelio.   La democracia en el sentido intelectual no es precisamente Escritural, es de una vertiente claramente relativista y humanista y por tanto anti-Dios, y no lo es en ningún campo, ya que en la Biblia ella es solamente el resultado de algo previo e ineludible: el consenso basado en la Verdad Revelada.

“Desfachatado” y “humilde” no van juntos. “Orgullo” y “esquizofrenia”  sí. Pero Cristo no está dividido, y por ello no pongo aquí foto alguna… puede ocasionar divisiones.

Ana  Roncal

[1] El supuesto avance de la oralidad y la electronalidad en el mundo lector debe debatirse y documentarse antes de lanzar conclusiones universalistas. Lo que se puede apreciar  si hablamos de racimos de países por  civilizaciones diferentes es muy diverso, sobre todo si hablamos de grupos humanos sin una historia realmente escribal, o cuya fragmentación social era profunda de tal manera que se apreciaba una elite lectora que hoy en día está en aumento por la mejora en condiciones de vida generales.

[2] I Corintios 1.10. Un juicio u opinión resultante del conocer

[3] I Corintios 2.16,  la “nous” de Cristo, literalmente

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