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Si la palabra estorba, no sirve

Cartel para Hernani  ¿Es posible discutir de política sin caer en una  discusión que parece una calle sin salida? A  estas alturas, y con los grandes fracasos del capitalismo y el socialismo, hay que echarle la culpa al lenguaje.   Si hablamos de “libertad”, alguno, es un hecho, te tachará de “capitalista” o  “neoliberalista”.  Habla de soluciones que sean realmente sociales, es decir para todos, o de justicia y equidad para los menos favorecidos, y alguien te va a acusar de comunista y te sugerirá que vayas a vivir a Cuba, por lo menos. Y me ha pasado….

Hace ya más de veinte años que es obvio que los países que adoptaron ideas socialistas enfrentan problemas que parecen calles sin salida. No vamos a hablar de las  situaciones en algunos países que pintaron todo de rojo, o de los cuellos de botella en otros, ya hemos visto suficiente.  Igual, insisten en llamarse a sí mismos  “socialistas” pero lo que tienen ahora son modelitos hipócritas que les permiten obtener impuestos de las más gigantescas corporaciones capitalistas para hacer sus obras sociales que no sacan de la pobreza a nadie.

La receta no da resultados en países en los que no hemos tenido una historia de expansión productiva, no hay suficientes empresas saludables que aguanten que les saquen impuestos hasta por respirar. El socialismo no funciona… siempre queda por allí la peligrosa sugerencia de que los derechos de un individuo son “malos”, y que se oponen a la “justicia social” término que los resentidos le han robado al lenguaje de justicia pura.

Si la palabra estorba, no sirveLo mismo sucede  con el otro lado: “Capital” es una palabra que hace que los resentidos muestren los dientes y te acusen, por lo menos de “pituco”.  Una vez, en una discusión en estos términos, un interlocutor agresivo me preguntó cuánto le pagaba a mi empleada doméstica.   ¡Como adulta independiente, nunca he tenido “empleada doméstica”!  Hay mucho de resentimiento detrás de esta discusión que nada tiene de ideológica.  Pero el hecho es además que el término “capitalismo” puede referirse, como “socialismo” a muchas cosas. Y con él podemos estar equiparando un modelo en el que una ciudadanía emprendedora tiene acceso al capital, con uno en el que una banca obesa y ajena al desarrollo para todos maneja políticos y poblaciones porque ha equivocado el objetivo de su existencia. Ejemplos sobran en estos días, de los EEUU a España.

¿Hay algo mejor? Claro.  Y es un lenguaje fácil, que acaba con SIGLOS de lenguaje radicalizado. Las palabras de la Biblia son claras: Cuando dice “repartirás la tierra…” significa que todos deben tener propiedad, es un derecho individual y social… no socialista. Cuando la Bibia habla de préstamos, estos son limitados en el tiempo y asegura que el prestamista recobre su préstamo pero sin acumular propiedades hipotecadas. El captal como instrumento, no como fin. Los derechos del individuo y los de la sociedad  están  en perfecta coherencia.  Se acabaron los ismos. Sólo queda Cristianismo… la manera de ver la vida que concilia a la persona con la sociedad.

PARA QUE SE ACABEN LAS DISCUSIONES FRUSTRANTES y lleguemos a acuerdos, necesitamos acabar con el lenguaje obsoleto….¿Será posible, o es que más importa hacer prevalecer la propia opinión?

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A de Soto lo que es de de Soto…

Foto: andina.com.pe
Foto: andina.com.pe

El hecho de que el economista peruano Hernando de Soto haya explicado tan bien cómo entendió “el misterio del capital” (me refiero al fenómeno, no a su libro), entre otros, observando la manera en que el capital ha sido generado y utilizado en Occidente (Cristianizado) demuestra que hay algunas cosas que pueden ser entendidas sólo de acuerdo al “impulso moral” que se menciona en el prólogo de su libro, y al que voy a llamar “impulso vital”, el tipo de espíritu de vida que anima al que lee o escucha.

Miremos una vez más los audiovideos colocados en la web del ILD, de las muchas entrevistas dadas en diversos e importantes medios:   ¡Quién como de Soto para hablar de la  propiedad como cimiento de la economía, del sistema de registro o documentalidad!; nadie como él para explicar con una sencillez que causa asombro, la relación entre el impulso moral, el sistema legal, y la eficacia de los instrumentos económicos como formando una aparentemente compleja  y delicada trama. Aparentemente digo, porque en realidad, lo que Hernando de Soto propone es coherencia. Me explico con un ejemplo: Nuestra Constitución peruana empieza con la “En Nombre del Dios Todopoderoso”. Pero lo que sigue no es del todo coherente con el nombre del Dios invocado. Y de allí, la trama se vuelve compleja,  inconsistente, incoherente… y ¿quién puede dilucidar un buen sistema de gobierno y economía con un documento fundamental inconsistente? Unos van a jalonear para lo que la Constitución dice por tramos, y otros por lo que el mismo documento dice en otro sentido. Resulta que de Soto adolece, y no podemos negarlo aunque a algunos les fastidie, de tales inconsistencias.

Pero por favor, a quien lea esto: No estoy escribiendo para glorificar a nuestro conocido economista, estoy más bien haciendo uso de un poquito de ironía.  Simplemente reconozco su capacidad para observar bien, hallar elementos clave, encontrar sus relaciones y enunciar sus hipótesis, las que han sido comprobadas no sólo por el ILD, sino digamos, por una larga historia.   Y aquí quiero mencionar, atreviéndome a parecer insolente, algo que sería el epítome  para la reputación –ya internacional y a nivel, por lo menos de Nóbel- de de Soto: Si él observó que “el misterio”  se había dado en una cultura específica –la de Europa del Norte y luego los países de cimiento protestante de Norteamérica-, ¿podemos entonces decir  que en realidad sus ideas no son nuevas? ¿y que no le pertenecen, aunque las ha re-descubierto y entendido muy bien?

Hace unos años, hice un resumen del esquema económico de capital, titularidad permanente y acceso a crédito  que los países de Occidente promovieron en diverso grado y tenor y que obtuvieron de la Biblia, lo que fue posible debido a que en el siglo XVI,  Martín Lutero y Johannes Gutemberg en Alemania, se propusieron dar a conocer a empellones lo que había estado oculto por siglos. De capital digo, y   no capitalista, ya que la Biblia contiene un lenguaje absolutamente sobrio y refinado el cual excluye  todo “ismo” que no refiera directamente a la Fuente de la misma, y que, en esa pureza evita todo antagonismo social.  A esos alemanes le siguieron otros. Juan Calvino,  Guillermo Farel en Suiza por ejemplo. No hay que olvidar que Calvino era no sólo teólogo, sino Jurista, y entendió muy bien de qué se trataba la ley del Antiguo Testamento. En fin, pasé ese bosquejo a un asesor muy simpático de de Soto en el ILD, el que mostró en su cara un gran asombro cuando leyó el bosquejo describiendo paso a paso “el misterio del capital”, algo que estuvo al alcance de los europeos del norte. Max Weber dijo en su obra escrita que él no entendía exactamente de dónde venía la ética que facilitó el capitalismo de peculiares características de éxito en los países protestantes, pero que dejaba a “los especialistas” la tarea. Lástima, que “los especialistas” se hayan dedicado tan poco a la tarea. A buen entendedor, pocas palabras.  Por supuesto me sorprendería el ILD lanzara un comunicado al respecto. Sería más que una gran satisfacción para quienes tienen cierta conciencia del asunto ya que nadie va a pelear por derechos de autoría en este caso, son ideas regaladas en un Libro para quien quiera creer y abrazarlas.

El hecho es  por fin, que,  reconozca o no de Soto al verdadero autor de todo este maravilloso esquema, el cual está volviendo a promoverse y practicarse en diversas regiones del mundo, y el cual lo apuntala, con su “El Misterio del Capital”,  como futuro Nóbel de economía, aunque en realidad  ya ni lo necesita, y quiera o no quiera, de Soto reivindica las ideas del Cristianismo. Aunque las iglesias, de cualquier sector de la cristiandad, pletóricas de recursos, templos, institutos, diezmos o limosnas,  y llenas de creyentes inadvertidos y desinformados de todo esto, no lo proclamen,  el mismo Jesucristo dijo que las piedras lo harían. Pero esta vez fue de Soto.

Parafraseando: A de Soto lo que es de Soto, y a Dios lo que es de Dios.