POR CLARIDAD: BIBLIA Y BLOQUES INTERNACIONALES

04 Jul

 

En días pasados y en ocasión del gran revuelo causado por el BREXIT en Inglaterra, escribí nuevamente sobre la Unión Europea[1], algo que ya he hecho anteriormente[2] en diferentes instancias. Esta vez sin embargo, he obtenido más comentarios y preguntas, lo que es en realidad algo muy positivo ya que sirve al propósito de esclarecer y llegar a mayor acuerdo. Uno de los comentarios apuntó a una supuesta falta de “argumento espiritual”, debido más que nada al hecho de que no se han mencionado muchos versículos bíblicos. Aunque justamente se intenta tratar un tema por principio pero sin utilizar un lenguaje que pueda excluir a lectores de todo sector, respondo aquí a ese comentario en el mejor espíritu, con un artículo  el cual expone el principio escritural acerca de los bloques de poder formados por naciones.

Los bloques de poder político-económico son parte de la historia humana  y tema bastante usual en el Antiguo Testamento, y una mención clara la encontramos en el libro del profeta Isaías:

¡Ay de los hijos que se apartan, dice Jehová, para tomar consejo, y no de mí;
para cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu, añadiendo pecado a pecado![3]

 

En días de Isaías, las alianzas de Judá (“los hijos”) con imperios extranjeros eran constantemente denunciados como vanos intentos de asegurar la supervivencia y lograr apoyo de imperios poderosos. La frustración y la desilusión acerca de los resultados eran el augurio cierto para estos intentos, acompañados de un olvido de la ley bíblica.  La razón a ello es también la antítesis al modelo hegemónico de un bloque internacional[4]: Dios había entregado a Israel, una nación compuesta de tribus, una ley inspirada en su Espíritu con la cual su éxito, su bienestar, y su estatus internacional estaban asegurados.[5]  El modelo bíblico de nación es nacional, no supranacional, y la condición para que funcione  es el Espíritu Superior que la origina. En efecto, toda la ley apunta Jesucristo y la necesidad de habilitar moralmente al ser humano no sólo para que la cumpla, sino que la supere. Esa es la base de la unidad de las tribus de Israel, una unidad cimentada en el mismo impulso moral.

 

No habría problema en imaginar una Europa unida sobre la base de su herencia judeo-cristiana. Pero los países de la UE que proclamaron en el año 2002 su adherencia al pluralismo religioso han publicitado desde sus inicios una institución enfocada en conceptos de marketing y de finanzas globales, la cual mira al ser humano como un “recurso” más, disponible en el “ventajoso” mercado europeo. Las brechas crecientes de ingresos entre poblaciones ricas y pobres en algunos países, la crisis griega y la indignación que ha causado el trato a los refugiados de guerra, el Brexit, son todas claras comprobaciones de que los principios bíblicos se cumplen para las sociedades:

 

“…todos se avergonzarán de un pueblo que no les sirve de nada, 

ni los socorre ni les trae provecho alguno;

antes les será para vergüenza y aun para deshonra…”[6]

 

Decir que Europa “debería” ser una gran nación debido a sus raíces judeo-cristianas es una cosa. Otra es hablar de una Europa que intenta ejercer una hegemonía en alianzas  sin el impulso moral correcto y a favor de ciudadanos desposeídos de su soberanía,  esa es una perspectiva  de hijos que se han apartado sin memoria ni orgullo por sus orígenes.

 

 

Ana Roncal V.

[1] www.anaroncal.com “Las estrellas de la UE”. Junio 2016

[2] www.anaroncal.com “Los Cristianos y la Unión Europea” Julio 14, 2015; “No hay peor ciego…” Enero 2012, revista IMPACTO ,págs 16-17

[3] Isaís 30.1-5

[4] Schutz J. Samuel. “Habla el Antiguo Testamento”, 1976 Editorial Portavoz, pág. 300

[5] Deuteronomio 4.1

[6] Isaías 1.5

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